lunes, 25 de marzo de 2013

El alfabeto no termina en la K

En los medios, en las charlas de café, en el trabajo y hasta en la familia, prácticamente todas las discusiones se desarrollan con la K como unidad de medida.

O estás a favor o en contra. O sos de la Cámpora o de la Corpo. O estás a favor de los Derechos Humanos o sos facho.

En un momento en el que en lugar de dividir y destruir deberíamos estar trabajando para construir un mejor futuro para todos, lo que hacemos es discutir y discutir.

Y lo peor es que esas discusiones no son positivas -porque convengamos que siempre es bueno discutir si lo hacemos para crecer- sino que son para agredir y lastimar.

Todo. Absolutamente todo se ve con el prisma K.

Y por momentos la letra K parece ser la única que existe en nuestro alfabeto. Pero hay muchas otras letras y muchas palabras en nuestro idioma. Usémoslas de una vez por todas para construir un diálogo fructífero y no para generar un relato K o uno anti K.

Eso es lo que deseo. Para eso pongo empeño. Incluso por eso discuto. Espero que cada vez más lo hagan y logremos así un mejor lugar para vivir.

Para arrancar van algunas palabras que se me ocurrieron con cada letra. Obviamente no son las únicas, pero son las primeras que vinieron a mi mente pensando en positivo y para sumar.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Duele

La muerte duele. Siempre duele. Aún cuando es de una persona que uno no conoce o, incluso, que uno conoce pero que no es de las que más aprecia.
 
Cuando se trata de alguien a quien muchos consideran su líder, ese dolor se multiplica por miles. El problema es que también se multiplican las idealizaciones, las idolatrías y las exageraciones.

Para mejor y para peor, la figura de quien fallece se magnifica. Para los que era bueno, pasa a ser una leyenda. Para los que era malo, se transforma en el demonio.

Y eso no es bueno. No lo es ni para la memoria del desaparecido, ni para los que lo suceden. La memoria distorsionada hace daño; provoca malas decisiones, genera incertidumbre, paraliza.

El caso de Chávez es uno más de esos en los que la muerte divide aguas; incluso más que cuando vivía.

En estas horas he leído y escuchado cosas a favor y en contra, defensas absolutas y ataques desmedidos, números positivos y negativos. También he visto muestras de dolor y -algo que me da verguenza- demostraciones de alegría y humor negro.

No simpatizo con Chávez, ni con Néstor. Mucho menos con Cristina. No representan el modelo de país que me gustaría tener.

Aunque los considero parte fundamental de nuestros problemas, respeto a quienes los ven como posibles soluciones.

Me gusta discutir. Incluso cuando la discusión supuestamente no lleva a ningún lado (el "supuestamente" es porque estoy convencido de que una buena discusión -respetuosa y fundamentada- siempre es constructiva)

El tema es que en estas horas está dificil. Discutir y opinar distinto se ha transformado en un punto de conflicto demasiado fuerte.

Por supuesto que hay excepciones. Hay gente con la que siempre es un placer entablar diálogos y contraponer ideas y posiciones.

Pero hay muchos con los que es imposible. Les gana la intolerancia, y transforman las discusiones en campos de batalla donde no puede haber puntos de contacto.

Y eso duele.

Duele porque para que aparezcan nuevas y mejores ideas no hay nada mejor que contrastar ideas dispares.

Duele porque sin respeto es dificil crecer.

Duele porque se dicen y hacen cosas de las que no es facil volver.

Duele porque si desaparece el diálogo y la tolerancia nos transformamos en seres inferiores.

Duele...

Casi tanto como la muerte.